Objetivos claros y metodología eficaz, los secretos del éxito
La enseñanza de lenguas extranjeras tiene un aspecto práctico y pragmático que la diferencia de otras ramas de la educación. Se aprende usando, y el resultado, a su vez, es una capacidad de utilizar el idioma meta en situaciones de la vida social, profesional o académica que es mensurable.
En
los últimos años, la forma de certificar el nivel de aprendizaje ha cambiado.
Ya no se trata de los certificados o diplomas tradicionales, sino de una
puntuación obtenida en un examen que va, generalmente, de cero a mil. Tenemos
el TOEFL y el IELTS para el inglés, el TCF para el francés y el SIELE para el
español.
Las
habilidades evaluadas son las mismas (hablar, comprender, leer y escribir) e,
incluso, los exámenes son muy semejantes a los que estamos acostumbrados a
realizar. Lo que cambia es que ya no se “aprueba” el examen, sino que se
obtiene una puntuación de acuerdo con el Marco Común Europeo: niveles A1, A2,
B1, B2, C1 y C2.
Los
niveles A corresponden a los principiantes, los B van del nivel intermedio a
los primeros niveles del avanzado, y los C son los de usuarios proficientes del
idioma, que hablan como “nativos”.
Si
tomamos como referencia el nivel B2, el más solicitado por las universidades
para estudiantes extranjeros o por las empresas para trabajadores extranjeros,
podemos tener una buena idea del tiempo de estudio necesario para afrontar el
reto. Para el inglés, unos cuatro años como mínimo; para el francés, alrededor
de tres años; y para el español...
Bueno,
es de eso de lo que quiero hablarles, a partir de una historia de éxito
excepcional de una de mis alumnas en este año de 2020 tan particular.
Empecé
el curso de Milena Bhering, una chica de veinte años que tenía planes de
estudiar en Argentina, con la responsabilidad de conducirla hasta el nivel B2
requerido. Teníamos muy poco tiempo, menos de seis meses, y afrontamos el
desafío con clases diarias de una hora. Hicimos 85 clases hasta la fecha del
examen, el 15 de noviembre último, y el resultado pueden verlo abajo:
Nivel B2 en Comprensión de Lectura y Expresión e Interacción Orales, y nivel C1 en Comprensión Auditiva y Expresión e Interacción Escritas.
Es
importante subrayar que las pruebas de comprensión auditiva y de expresión
escrita, en las que obtuvo una puntuación por encima de la necesaria, son
justamente las más difíciles. ¿Cómo explicarlo? Es que trabajamos con más
cuidado estas dos habilidades.
Ochenta
y cinco horas para pasar del nivel inicial al nivel de usuario fluido es una
marca de éxito mundial, difícil de superar, sobre todo considerando que no
estamos en un país hispanohablante, donde el contacto con el idioma se produce
de forma diaria y continua. Haberlo logrado desde una ciudad del interior de
Brasil es una prueba de la calidad de nuestra metodología y de nuestra
capacidad para responder a una demanda con flexibilidad, rapidez y claridad de
objetivos.
Por
parte de la alumna, también verificamos actitudes ejemplares: seriedad,
dedicación y, sobre todo, esa plasticidad o habilidad para dejarse moldear,
absorbiendo la enseñanza como una esponjita sedienta.
Agradezco mucho
a Milena por haberme dado esa oportunidad, en la que reajusto mis parámetros y
compruebo, con la tranquilidad que requiere el trabajo de profesor, que el
alumno puede superar las expectativas del maestro.
©
Abrão Brito Lacerda
30 11 20

